Damos lo
que somos. Sino soy yo, no puedo dar. Sino me amo, no se amar a los demás. Lo
que hago es pedirles o exigirles amor. Porque yo no lo tengo para mí y lo
necesito para vivir.
Muchas
personas pasan por mi salón, porque
quieren amarse primero a si mismas. Entienden la razón, lo que significa ello.
Pero no pueden, no saben hacerlo. En
realidad no saben decir que no. Temen caer en el egoísmo o hacer daño al otro.
Es lo que les han enseñado. Sacrificio por amor a los demás.
Eso estaba
bien en la Edad Media cuando a las personas se las quería tontas para ser
mejor esclavas de otras. Ahora tenemos que entender que es en realidad
el egoísmo. ¿No será la actitud de manipular, utilizar a los demás para
satisfacer todas las necesidades, sean reales o no? No será aquella persona que
se siente superior y con derecho sobre la libertad de los demás? O aquella que
no respeta nada que no sean sus propios intereses? Aquella que utiliza el amor
como una imposición, no como una libertad? Eso no es espiritualidad.
No es ser
egoísta saber decir no a lo que sé que me va a hacer daño, que no me va a entender, que me va a robar mi libertad de
expresión, de realización, de ser. Saber discriminar lo que me conviene de lo
que no me conviene, es amarme a mi
misma, demostrar que soy inteligente y
valiente, es ser sabia.
Si me
sacrifico por amor a otro, no es amor lo
que me piden, me están pidiendo que dejes de ser quien soy porque así el otro,
la otra persona, no tendrá que hacerse cargo de si misma y me cargará a mi con
su responsabilidad. Ese sacrificio puede llevarme a la infelicidad. A la
tristeza. A la dependencia. Al dolor. Porque voy a dejar de ser quien soy.
Pero si
soy lo suficientemente fuerte para dar lo que necesita el otro, sin que por
ello tenga que dejar de ser quien soy ¡Bien¡ pero tendré que tener las cosas
muy claras y ser fuerte.
Y seguiremos.....

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